Hace un tiempo quise empezar una serie de posts sobre cosas, situaciones o abstracciones que la progresía maltrata a más no poder, y empecé por la belleza, intentando tirar abajo esa porquería impuesta por la gente fea que dice que en el fondo todos son bellos, etc. En resumidas cuentas, solamente la gente linda es linda, y la fea para ser linda tiene que pasar por quirófano (dicho sea de paso, el jueves empieza Nip/Tuck Hollywood, y aunque no tenga la calidad de la tercer temporada con el Carver, no deja de ser interesante)
Pero dejando esas cosas de lado, volvamos a lo que nos convoca, que es la clase, algo que según creo no puede adquirirse ni mucho menos comprarse, con clase se nace o no se nace, es así de sencillo; por supuesto que puede haber escuelas de modales, viejas estiradas que enseñen a comer, pero a fin de cuentas, uno se da cuenta quién finge y se esfuerza y quién es elegante naturalmente.
Históricamente, la nobleza tenía que ser elegante y tener clase, y abundan los ejemplos en la literatura y en el cine de grandes y poderosas familias que caídas en la desgracia económica no perdían la elegancia, los modales y las costumbres, eran gente que mantenía la clase por más que la plata no los acompañara; era gente que tenía modales, no alzaba la voz, se vestía bien (y por vestirse bien hay que tener en cuenta los cánones de la época, un buen vestido del 1700 hoy pasaría por ridículo o psicótico), pero era fácil separar a la gente elegante de la gronchada general que comía con las manos y hablaba con la boca llena, por así decirlo.
Hoy en día es muy poca la gente que tiene clase y es elegante, y nada le ha hecho peor a la elegancia que el fenómeno de los nuevos ricos, que dicho en sencillo son negros maleducados con plata, que se compran lo más ruidoso y vistoso para mostrar la plata, por más groncho que sea; son esos que pueden meter en el living de la casa un escritorio francés de 1.600 junto a una porquería de esas que venden en la televisión solamente porque los dos son caros. No tiene nada de malo tener plata, ganar plata y usar la plata, pero la plata no compra clase, y no hay nada más triste que alguien que fine la clase.
Otro ejemplo lastimoso son estos patéticos exponentes hip hop, rap y demás música que no es música que son capaces de colgarse del cuello una tapa de alcantarilla por el sólo hecho de tener oro y diamantes, solamente para que la gente no los confunda con los gronchos entre quienes nacieron y que a la larga son los que le dan de comer.
Los adolescentes no tienen clase, se echan encima lo que pueden, caro o barato; los nuevos ricos no tienen clase, las mujeres no tienen clase porque parece que compiten por ver quién se parece más a puta de ruta… la clase es algo que distingue, la clase es algo que hace quedar bien, y por más racista, clasista que suene, todos quieren o intentan tener clase, de no ser así, la perra que nos gobierna no se echaría una 4×4 en joyas encima para parecer algo que no es, alguien de la “alta sociedad”.
Tener plata por derecha o por izquierda no genera clase, y por más que esta gronchada progresista hable de que todos tenemos que ser iguales, sería bueno que intentáramos igualar para arriba, que los gronchos aprendan a hablar y caminar como se debe, y no que gente que puede elegir entre cosas y vida de calidad o de mala calidad intenten ir para abajo siguiendo una corriente que se instaló en la crisis 2001, la moda y onda pobre, cuando casi nadie tenía para pagarse un pantalón como la gente y andaban con pantalones que arrastraban o del hermano 4 años menor.
Como si todo eso no fuera suficiente, después tenemos el gran invento peroncho-argento de decir que todo el que tiene clase y se viste bien es un oligarca responsable de todos los males de la patria y sus ciudadanos, lo que hace que uno que se viste bien reciba insultos y burlas de todos estos hijos de Eva, por no decir hijos de puta.
De todos modos,si tuviera que elegir qué es lo más lamentable de todo este ataque a la elegancia, tendría que decir que son los gronchos ascendidos a nuevos ricos que despotrican contra la gente con clase por la envidia que les produce no poder tener esa elegancia innata, por así decirle; y la perra que nos gobierna es el paradigma de negro resentido; otra muesra de esto es la moda del doble apellido, o de la modificación del primero si no es suficienemente chic; así, la perra reniega de ser Fernández y se presenta como Kirchner, o como Fernández de Kirchner, pero para el que la escuche hablar siempre va a ser la misma resentida sin clase, aunque se presente como Parker Bowles.
Parece medio retorcido, pero espero que se entienda lo que digo; por mi parte, prefiero seguir comiendo con varios tenedores y cuchillos y no ir a un boliche donde pasan cumbia, sería bueno que gente que en un principio pensaba así volviera, porque cada vez somos menos, y encima el gobierno intenta que se nos odie para que su propia inmundicia no se note.


















Mi estimado, no sabe cuánto lo comprendo. El mundo se está convirtiendo en un lugar basto, informe y grosero. La igualdad quita relieve.