Es indescriptible el placer que sentí cuando la Interpol, una institución reconocida a nivel mundial, aclaró que los documentos encontrados en la computadora del Capo Terrorista Raúl Reyes no habían sido tocados por las autoridades colombianas, y la posterior serie de burradas ladradas por el simio que juega a que es el dueño de Venezuela.
Ya no hacen falta más discusiones, Estados Unidos, Europa, la ONU y demás tienen que dejar de decir boludeces y declarar por fin a Venezuela y Ecuador países que apoyan al terrorismo internacional.
Además de eso, es gracioso como el soquete que hace de embajador del simio en Washington afirma que el Presidente Uribe, sobre el que ya hablé en un post anterior, inventó todo esto para hacer fracasar el “intercambio humanitario” propiciado por él y Piedad Córdoba, peligrosa amiga de las FARC, y casi seguro entregadora de Betancourt.
Como si eso no fuera suficiente, hoy el petromatón aseguró que tropas colombianas irrumpieron en territorio venezolano, porque necesita desviar la atención del quilombo brutal en que se metió gracias a la cooperación de los corruptos gobiernos del subcontinente.
Sería interesante que la izquierda estúpida europea dejen de joder con que el socialismo del siglo XI es romántico y entiendan que la única salida es la libertad de mercado y de opinión, pero parece que los únicos que entienden esto son Estados Unidos e Israel, los que deciden no negociar con terroristas; Sarkozy es un boludo, Zapatero un imbécil, Berlusconi un mafioso y los países importantes de verdad están en otra.
Es triste, pero la ayuda no va a venir de afuera, tenemos que empezar a salvarnos solos.


















¡Aguante Berlusconi! Dicho eso, paso a comentar el post:
¿Te imaginás, dentro de poco, una época post-Chávez, post-kísner, con un total descrédito para el izquierdosismo, una época en que hacer y decir boludeces tenga un precio, en que “Estado” sea mala palabra, en que ningún político resulte electo para ningún cargo si no convence a su electorado de que bajará los impuestos y luego cumple, en que cualquier gesto demagógico signifique el fin de la carrera política de quien lo haga, etc.?
Me parece que hay que apuntar a esas cosas, todo está en la cabeza de la gente. Digo: acercar a la mentalidad pública una serie de valoraciones y repudios básicos y útiles:
• No se reforman las instituciones, se dejan como están;
• No se suben lo impuestos, se bajan;
• No se dan discursos airados, se habla con alegría;
• No se ataca a las empresas, se las invita y se las fomenta.
Etcétera. Lo que quiero decir es que dirigentes como Kísner son posibles porque ha habido todo un aparato de propaganda (dirigencia, Prensa, Universidad) que durante décadas ha establecido en la mentalidad pública valores contrarios a los que señalo. No ganaron ninguna batalla ideológica, jamás dieron ningún tipo de razón por su conducta política, ni siquiera protagonizaron buenos gobiernos, nada, simplemente se dedicaron a gesticular ante una sociedad mentalizada para interpretar esas gesticulaciones positivamente.