Después de idas y venidas, finalmente renunció el pingüino de primera hora Alberto Fernández. Si bien los rumores de su alejamiento del Gobierno son de hace bastante tiempo, el especialista en justificar lo injustificable y en explicar lo inexplicable había intentado explicar la falsedad de los mismos, llegando incluso a decir que “Perfil dice sandeces” cuando el diario publicó una nota prediciendo su renuncia.
Teóricamente, le haría bien al país un poco de recambio en el Gabinente de la Infamia®, pero aún quedan varios pesos pesados demasiado pegados a sus sillones como para moverse, pesos pesados que le han hecho mucho más daño al país que el primer Fernández que deja el Gobierno.
Algunos dicen que este Fernández era parte de las palomas, es decir, del sector del Gobierno que se encargaba de negociar en lugar de querer aplastar a los sectores en discordia, como el Campo, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y todo ciudadano honesto en general. Lo cierto es que este Fernández era parte de la mesa chica, es decir, del grupo que tomaba las decisiones, desde la nacionalización de Argentinas hasta las Retenciones al campo, y no es una víctima de la situación, sino un gran victimario como su jefe durante cuatro años y medio.
Como era de esperarse, Alberto se va dando un portazo, gritando que él es el bueno, que el Gobierno es el malo, y que no está de acuerdo con el rumbo que ayudó a planear durante los últimos cinco años y medio, porque se fue no sin criticar a Moreno, el tren Bala y la influencia del Néstor en los desastres locales.
Lo que muchs se preguntan es qué harán las personas uqe Alberto llevó a donde están, como la Minsitra de Salud Ocaña, o el parásito Piccoloti, quienes le avisaron que si él se iba, también se iban, probablemente porque entenderían que tendrían menos márgen de movimiento aún.
El que no se dio por enterado es el amigo de los familiares Albistur, que sigue firme repartiendo publicidad oficial, a pesar de que el área de lavado de cerebros medios del Gobierno perdió otra figurita: Rosario Lufrano (¿?)
Mi teoría: el barco se quema y las ratas huyen, y algunas ratas son menos estúpidas que otras, u otras son más fanáticas o adictas al poder que otras; pero si Alberto Fernández, de la mesa chica, decide irse, es porque el fin del Kirchnerismo es solamente una cuestión de tiempo.



















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