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Archive for the ‘Leyes’ Category


“[…] el gobierno de los Estados Unidos no sólo ha fallado en el desastre del 11 de septiembre, sino que realmente ha contribuido a la probabilidad de tal acontecimiento. […] ¿Cómo es posible que unos hombres tan sólo armados con una caja de ‘cutters’ pudiesen causar el terrible daño que hicieron? Evidentemente, esto sólo fue posible porque el gobierno prohibió a las líneas aéreas y pilotos poderse defender con armas, […] Una pistola de 50 dólares en la cabina [de los pilotos] podría haber hecho lo que con 400 mil millones de dólares el estado fue incapaz de evitar.” [1]
The Myth of National Defense
Hans–Hermann Hoppe
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En una encuesta televisiva preguntaron por la calle a transeúntes cuál creían que era, según su parecer, el aumento de la delincuencia en España. Las respuestas fueron muy variadas, pero hubo una de especial; una anciana dijo que culpa del aumento de la criminalidad “lo tiene una especie que ahora está en extinción: el hombre”.
Si esta frase la hubiese dicho alguno de los actuales defensores de la libertad como Pierre Lemieux, Walter Block, Bruce Benson… habría sido ampliamente repetido en varios artículos. Ciertamente, cualquier individuo de hoy día intenta omitir sus responsabilidades hacia su propiedad privada, creen que no son ellos quien se han de defender, sino que es el estado el que tiene esta obligación moral. Si algún maleante se acerca a un hombre medio pidiéndole su cartera, dañándole o violando su propiedad privada su actitud será de sumisión. Para él la culpa no la tendrá el maleante o su propia incapacidad para saber defender lo que es suyo, sino el estado que no extiende suficiente policía sobre el terreno. Esta falta de individualidad, y consecuente aumento de la inseguridad, que caracteriza nuestra sociedad occidental no es un proceso aleatorio de la historia o de la evolución humana, sino de la omnipotencia del estado.
La raíz del problema
La pérdida de individualidad significa negación de libertad, es la búsqueda del estado socialista donde nadie es responsable de sus acciones ni propiedad, de esta forma el estado nos dice: “yo me ocupo de todo, vosotros sólo tenéis que obedecerme para que todo funcione bien, si hay una crisis yo crearé una demanda artificial para reanimar la economía, si alguno de nuestros grupos de presión necesita más recursos para su subsistencia yo los alimentaré, si aumenta la delincuencia no os defendáis yo la combatiré, en fin, sólo tenéis que actuar como robots socialistas, como sirvientes míos en lo social y como simples homos oeconomicus en lo económico; no penséis, no actuéis sin mi consentimiento, yo os adoctrinaré con mis leyes, monopolios mediáticos, escuelas y universidades; sólo ser dóciles y mantenedme”.
A igual que el programador informático, que hace un ordenador o programa a su medida, el estado hace lo mismo con el individuo. Lo parametriza, le dicta las reglas, le prohíbe todo lo que puede hacer… En resumen, vuelve al individuo un robot, un ser cobarde e indefenso incapaz de actuar ante cualquier tipo de situación no planificada. El hombre ha perdido su esencia de ser humano, es decir, su individualidad. Ante la delincuencia no sabe como actuar, no tiene elección; sólo el estado puede defenderle, y cuando éste falla, y no pocas veces ocurre, entonces reclama un estado más fuerte aún.
El mensaje del estado ha tenido al final su éxito. Tal situación no sólo ha creado un ilimitado aumento de impuestos y endeudamiento de los gobiernos, sino que ha vuelto al hombre en un cordero inútil, cobarde e incapaz de defender lo suyo, al final, el hombre, ha acabado sucumbiendo al nefasto socialismo estatista.
En consecuencia la sociedad, incapaz de despegarse de su verdugo al que ella considera su padre protector, pide soluciones estatistas, que lejos de solucionar la situación sólo la empeoran más. Para el ciudadano de hoy día la culpa de la delincuencia la tiene los inmigrantes que el estado no ha adoctrinado; no se han integrado, es decir, no han perdido aún su personalidad y como remedio proponen crear lugares de acogida donde se les hagan lavados de cerebro en pro de una “sociedad moderna e igualitaria”, la culpa de la delincuencia la tiene, también, los padres que omiten sus responsabilidades porque evidentemente no son ellos quienes han de educar a sus hijos, sino las escuelas públicas. También culpan a la justicia —confundiéndola con la ley—, que efectivamente, sólo se adapta a los designios de los grupos de presión, y como solución proponen una ley más dura con todos, delincuentes o no; se pide más policía que controle la sociedad, más leyes que dicten cada acción del hombre.
Retorno a la seguridad
El problema es que la ley jamás podrá cumplir con la función que se le quiere otorgar, ¿o sí? La justicia existe, y no la ley, cuando la seguridad se torna al campo privado: las empresas privadas nos pueden dotar de mejor y más barata seguridad y justicia, y como no, además, sólo el hombre libre puede defender mejor que nadie lo que es suyo reforzando su individualismo y sentido de la propiedad privada. La solución a la delincuencia es reforzar la libertad individual; que el hombre vuelva a ser responsable de sus actos y de su propiedad.
¿Cómo disminuir la delincuencia pues? Dando mayor libertad a las empresas de seguridad privadas y al individuo singular. Sólo las empresas de seguridad privadas pueden garantizar nuestra seguridad y utilidad. La policía privada patrulla por las calles manteniendo una ciudad segura, la prueba la tenemos en algunas ciudades americanas donde sólo existe policía privada; ¡es menos costosa que la estatal y más eficiente! El índice de criminalidad y robos en estas ciudades es muy inferior a aquellas donde está el monopolio del estado. Las que recientemente se convirtieron al sistema privado de seguridad vieron en muy poco tiempo reducida la criminalidad ahorrando costes a los ciudadanos y aumentando su nivel de libertad. Sólo las empresas privadas han sabido interpretar las auténticas necesidades de la sociedad inventando alarmas, sistemas anti–robo, creando seguros de robo, de secuestro…, guardas de seguridad, porteros… La seguridad no consiste en poner multas de tráfico, prohibir hablar con un móvil mientras se conduce, o evitar que algún joven se fume un cigarrillo de marihuana por la calle. Las empresas privadas no tendrían tal función —siempre y cuando esto no ocurriese en la propiedad de alguien que no permitiese tales actos—, sino que su función sería proteger a sus clientes de posibles agresiones. Las escuelas tendrían su propia seguridad manteniendo lejos a los traficantes y bandas callejeras de los niños y adolescentes, las tiendas contratarían guardas que velarían por los comercios y clientes. Habría empresas de porteros privados que se ocuparían no sólo de adiestrar a sus trabajadores en el campo de la defensa, sino también en la relación con el cliente (tan diferente a la prepotencia policial), patrullas profesionales en cada ciudad… Y todo ello orquestado por la libre competencia que siempre favorece tanto a empresario y consumidor.
La inevitable pregunta que surge es ¿cómo es, pues, que tales empresas no existen, o son muy débiles? La respuesta es que el gobierno sólo pone impedimentos legales a tales empresas y que, además, la demanda queda muy difuminada por el propio monopolio que el estado crea, ¿por qué pagar por algo, que aun siendo de mejor calidad, lo tengo “gratuitamente”? Evidentemente ninguna necesidad real es gratuita; el elevado coste de la policía pública queda olvidado con la tácita recaudación de impuestos. El individuo no tiene idea alguna de lo que realmente está pagando por el mantenimiento de una policía nacional y regional (sin contar los costes de transacción que derivan de este proceso). Además, la potencial demanda no se ha planteado semejante alternativa debida a la totalitaria y sesgada educación que ha recibido del estado. Pero cuando, por otra parte, la oferta sí lo ha hecho el gobierno la ha prohibido o restringido inventando leyes para poder mantener su monopolio y dictámenes.
Todo y así, siendo aún débil el sector de la seguridad privada sus beneficiosos resultados son irrefutables. A modo de ejemplo, recientemente hubo una ola de robos en las joyerías de la ciudad de Madrid. Tras las quejas de este sector, y la tradicional ineficiencia con la que sólo la administración pública puede responder, al final los joyeros decidieron contratar empresas de protección privadas. Los resultados no tardaron en mostrarse; la delincuencia bajó casi en un 90%, y no sólo en las joyerías, sino también en los barrios donde se concentraban las joyerías.
Pero aún hay más soluciones; cada individuo ha de tener la capacidad efectiva de poderse defender de las agresiones por él mismo; efectivamente el hombre ha de poder ir armado si así lo considera. Como encarecidamente ha demostrado John Lott una sociedad con la capacidad de ir armada crea menos delincuencia, sólo tenemos que comparar los países donde hay libertad y armas y sus países vecinos que deniegan esta libertad. En Suiza (país donde hay un alto nivel de armas por habitante), en 1995, tuvo un 40% menos de criminalidad que Alemania, y Nueva Zelanda mantiene un índice de asesinatos mucho inferior, año tras año, que su vecina Australia. Ninguna ley puede prohibir el principio natural de la defensa propia, las leyes que se enfrentan a tal derecho son absurdas y ofensivas. Su única intención es controlar más aun al hombre libre; un hombre armado es un hombre capaz de defenderse a él mismo y a aquello que es suyo. De igual forma, tampoco tiene sentido alguno la prohibición de las milicias urbanas que velan por su propiedad privada y barrio sin ningún coste para el resto de la sociedad manteniendo la seguridad que el estado es incapaz de garantizar.
En resumen, las posibilidades son inmensas. El estado jamás nos librará de la inseguridad ciudadana, sólo el propio individuo y el empresario de seguridad saben entender las necesidades reales. Este sistema es la grandeza del capitalismo: puede cubrir cualquier necesidad real de la sociedad al mejor precio, siempre determinado por el cliente. Cada individuo ha de saber resguardar su propiedad por sus medios, ya sean emanados de él mismo o de la empresa privada a la que paga. La finalidad de los gobiernos, por el contrario, no es proteger, sino recaudar y aumentar su fuerza.

[1] El texto corresponde a la introducción del libro “The Myth of National Defense: Essays on the Theory and History of Security Production” de Hans–Hermann Hoppe. El párrafo entero dice: “Moreover, the U.S. government did not only fail to prevent the disaster of September 11, it actually contributed to the likelihood of such an event.
Moreover, how was it possible that men armed with no more than box cutters could inflict the terrible damage they did? Obviously, this was possible only because the government prohibited airlines and pilots from protecting their own property by force of arms, thus rendering every commercial airline vulnerable and unprotected against hijackers. A $50 pistol in the cockpit could have done what $400 billion in the hands of government were unable to do.”

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Mucho se habla hoy en día de la discriminación, la ley de talles, la de peso, etc, etc, y cuando no, un grupo de pseudo especialistas se paran en un panel a contar que creer que alguien es más lindo que otro alguien está mal, porque el menos agraciado se siente discriminado, y toda esa cosa.

Lo políticamente correcto, como diría el gran Charlton Heston, no es más que tiranía con modales (“Political correctness is tyranny with manners.”) a la hora de castigar lo que se dice o lo que se piensa porque otro se ofende u ofendería, se censura, y creo que estamos de acuerdo en que la censura es mala, anticonstitucional, ilegal, inmoral, etc…

Esta nueva progresía retro-izquierdosa ha intentado enseñar que nadie tiene el derecho de ofender a alguien, porque eso viola sus derechos humanos; pero la libertad se basa en la libertad de hablar y ofender, y de recibir una respuesta igualmente ofensiva, claro que cuando esto se traduce en violencia física, las reglas cambian; nadie tiene el derecho de ejercer acción violenta contra otro ni atentar contra su persona, pero incluso el discurso pro-nazi más hediondo y despreciable goza del derecho a la libertad de expresión, como todo ser humano pensante goza del derecho a expresarse libremente mandándolos al infierno.

Se ha hablado mucho de la ley de talles, que dice más o menos que Versace tiene que diseñar X prenda para alguien que la luzca, y para todo aquel que quiera ponérsela; cuando a X prenda la luce Nicole Kidman, la prenda y la persona se lucen, y el diseñador puede seguir vendiendo porque ha creado un producto para X público; si a esa misma prenda la viste alguien que pese 120 kilos, deforma la prenda, la arruina y Versace no va a vender, o va a devaluarse su trabajo.

La ecuación es sencilla, hay gente más linda que otra gente, y la gente linda no tiene porqué avergonzarse de serlo, ni recibir críticas; el que es feo, hoy tiene posibilidades, desde cirugías, a cremas y alguna que otra cura medio mágica para remediar el asunto, porque a la larga, todos tratan, a su manera y dependiendo de sus posibilidades y su salud mental, de verse lo mejor posible.

Una excusa para justificar la ley de talles, además de la políticamente correcta defensa de los derechos humanos (porque los diseñadores no son humanos y no tienen derecho a diseñar lo que y para quien quieran) es que la moda es pasajera, los cánones de belleza son relativos, etc., por lo tanto, si a alguien le parece que Nicole Kidman es una hermosa mujer, es porque le han lavado la cabeza los medios, mismos medios que venden la anorexia y el pecado de ser un tonel; aclaro, la moda es pasajera, pero Nicole es hermosa hoy, y con esos cánones nos regimos hoy.

Pero sigamos; América TV siempre está presente cuando una persona tiene que quejarse porque no tiene cómo viajar porque ocupa dos asientos y se los quieren comprar; es sencillo, si ocupás dos asientos, pagás dos asientos, la aerolínea o quién sea no tienen porqué perder la venta de un asiento por culpa de que alguien no sepa cerrar la boca; es libre de comer todo lo que quiera, pero con la libertad vienen responsabilidades y consecuencias, y no puede tomarse una y rechazar las otras; ¿qué pasa con la obesidad hormonal que no tiene que ver con lo que alguien come?, es otro tema, que no quiero discutir en este post.

Pero, como bien dijo Alejandro Rozitchner hace un tiempo cuando estaba con Mariano Grondona, los medios no imponen nada a nadie, los medios venden lo que alguien quiere comprar; si la gente quisiera y demandara Milton Friedman, Von Mises, von Hayek, Casablanca y Citizen Kane en lugar de Tinelli, Pergolini y un montón de gatos medio en pelotas o adolescentes hiper desarrolladas con la libido hiper exitada, los medios para subsistir tendrían que dar Friedman y Casablanca, pero como el grueso de la población quiere mierda o una fantasía sobre algo que no va a tener nunca, simplemente le venden mierda, claro que la gente sabe que ve, consume y pide mierda, así que para cuidarse a sí mismos y no aceptar que disfruta de la mierda, le echa la culpa a una gran conspiración mediática para lavarle el cerebro con mierda; ¿cómo se explicaría eso en términos sencillos?, a la gente le da vergüenza reconocer que le gusta la mierda.

Este argumento nos trae a otro igual de ridículo, el del lavado de cerebros, y me gustaría encararlo desde otra óptica; es cierto que la televisión (y los medios en general) intentan vender su producto (todos los que producen desde mierda a diamante quieren venderlo), y algunos lo hacen de forma un poco más agresiva que otros, pero, ¿no es la educación pública otra forma de lavado de cerebro políticamente correcta y socialmente aceptada?, ¿por qué un privado no puede intentar lavar el cerebro, y el estado, el gran lavador, sí puede y se pide a gritos que eduque, moldee a la sociedad?, es simple, nadie cree que el estado lave cerebros por simple negación, una defensa neurótica a una realidad desesperante (en realidad creo que los ensucia y atrofia, pero no viene al caso).

Después tenemos el caso de la anorexia, el gran flagelo mediático de algunos meses que resurge cuando no hay noticias o hay que tapar algunas otras cosas; nuevamente apelando a los medios malos se los hace responsables de que algún/una idiota decida dejar de comer, pero como mucha gente ha dicho hasta el hartazgo, el estado no tiene que decirle a la gente cómo vivir, y cada ser humano es dueño de hacer con su cuerpo y alma lo que desee, o puesto en mis palabras, el estado no puede impedirle a aguien ser estúpido si alguien quiere ser estúpido, solamente tiene que evitar que las estupideces de alguien dañen a terceros.

¿Cómo sería eso?, dejar que esqueletos deformes desfilen, pero, si un esqueleto deforme desfila, y manejando un auto se desmaya por falta de proteínas o hidratos de carbono y le quiebra la pierna a alguien, a la cárcel por estúpida y por hacer estupideces; ahora, si el esqueleto andrógino se mata solo en su casa, eso es problema del esqueleto andrógino, no mío, ni de mis impuestos, y lo mismo aplica a las drogas; si un drogadicto bajo efecto de sustancias daña a terceros, que se lo castigue; si se mata solo bajo un puente, mis impuestos no tienen porqué salvarlo, él decidió lo que creía mejor para él, y ni el estado ni los medios le pueden decir qué es lo mejor, sí, pueden hacerle una recomendación, pero el drogadicto es libre de aceptar eso o no.

Además, hoy en día, el lindo, flaco, exitoso, con plata no tiene los mismos derechos que los otros; si a una persona no la dejan entrar a un boliche de peurto madero por cómo se viste o habla, es discriminación; pero si alguien de Puerto Madero quiere ir a un baile de una villa (además de no volver porque van a matarlo), es entendible que no lo dejen entrar, o que se auto-margine del lugar; es cierto, es un ejemplo extremo, pero sirve para ilustrar lo que digo; los fumadores se quejaban de que los discriminaban, pero los no-fumadores directamente no iban a algunos nidos de enfisema, y eso no era discriminación, era voluntad de elegir…

Lo mismo pasa con los homosexuales, si se abre un boliche sólo para parejas del mismo, eso es chic, de onda, políticamente correcto; si se abre uno sólo pra republicanos, eso es discrimnación, ¿acaso en el primero no se discrimina a los heterosexuales?, la idea es que exista todo tipo de opciones y uno vaya a donde se sienta más cómodo y evite el lugar que lo hace sentir mal, no que se ampare en leyes estúpidas para ir a un lugar que no fue pensado para él/ella; un judío no deberíair a una reunión porque va a pasarla mal, pero no puede demandar a los imbéciles rapados porque no lo dejan entrar por ser judío.

Que los cánones de belleza son distintos a los de hace 100 años nadie lo duda, como nadie duda que van a cambiar con el correr del tiempo; que a mí me guste más Nicole Kidman que Naomi Campbell no me hace racista ni un discriminador, nadie puede obligarme a que me guste la mascota de Chávez, ni que una mujer que pese 100 kilos me parezca atractiva; gente linda va a seguir habiendo, y la gente fea va a seguir tratando de ser linda, y al que no le guste, que se joda, se adapta o adelgace.

Y para cerrar, la belleza interior no existe, si existiera las gorditas no se volverían solas a su casa los fines de semana; no es cierto que todos sean bellos por más hediondos que sean por fuera; la persona atractiva es atractiva por más mierda que diga, hable o piense, y por más Nobel de la Paz, Física o el premio que sea, el que es feo seguirá siendo FEO.

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Argentinos

Hay muchas formas en un ejemplo cotidiano ver una muestra de la realidad de este gran país que se pelean por saquear y destruir, o al menos de vender al postor más bolivariano o políticamente vendible; puede verse a los argentinos en una fila de banco, tratando salvajemente de ganar un lugar a costas del que llegó primero; puede verse en las canchas de fútbol donde se matan por algún negociado cerca del estadio.

Puede verse la argentinidad en todo su esplendor en la gente paseando al perro y dejando la mugre de este en la puerta de la casa de otro, en los semáforos donde el color amarillo parece transparente y el rojo amarillo; podemos ver argentinidad en las rutas donde en el afán de ser cool o de ganarle al del frente, se generan accidentes donde hay demasiadas pérdidas de vidas.

El Argentino por sí avasalla todo lo que tiene al frente, está enseñado a que todo debe serle restituido porque le fue arrebatado por un poder superior en algún momento previo a s u nacimiento, previa a su existencia, y así es como vive; roba cuando sale del país, evade, no cumple las leyes y no denuncia al ladrón de al lado para que robe más, y así no se fijen en él.

Ayer, en algo más trivial que todo esto, encontré otra prueba de pura argentinidad en un mero juego de cartas; la discusión nació porque descubrimos que en el juego en cuestión no estábamos siguiendo todas las reglas, y porque propuse que las anexáramos o que elimináramos las inventadas por nada, y supongo que si se siguió con la lectura desde el principio, se intuirá cuál fue la respuesta de los compañeros de cartas.

La respuesta unánime fue NO a las reglas oficiales, porque la idea era seguir jugando al juego transmitido por las familias de cada uno de nosotros, en lugar de aprender y seguir adelante jugando como se debe, decidieron aferrarse a su superioridad sobre las reglas, sobre la ley, que en este caso, es algo estúpido, trivial, pero que es un fiel reflejo de porqué estamos donde estamos.

Obviamente, ante esto, intenté razonar con argumentos, incluso llegando a ejemplos tales como “si en mi familia me enseñan a jugar al fútbol con las manos, sigue estando mal”, pero bueno, hoy siguen destruyendo un juego, aferrándose a sus reglas que valen más que algunas que están aceptadas para eso.

La Ley tiene que existir únicamente para resguardar las libertades individuales de la mayoría que avasalla sobre ellas, pero para eso deben ser respetadas y adecuadas, pero si no somos capaces de respetar las reglas básicas de convivencia, vamos a terminar en un caos sin precedentes, incluso mayor que en el que vivimos.

Si lográramos vivir bajo la máxima de “mi libertad termina donde empieza la libertad del otro”, en lugar de bajo “sálvese quien pueda, como pueda”, podríamos salvarnos antes de que sea demasiado tarde, pero este no parece ser el caso.

Damas y Caballeros, bienvenidos al Pandemonio, ustedes lo crearon, que lo disfruten.

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Leyes

Una pregunta que todo ciudadano debe hacerse en algún momento de su vida es: ¿debo cumplir una ley injusta o, en un caso aún peor, estúpida?

Esta pregunta, y su respuesta, nos llevan a un terreno que nuestros honorables legisladores parecen haber dejado de lado cuando asumieron, que es el sentido común, ya que intentar sacar por ley la necesidad de creación de una obra social para animales, por la que sin duda va a haber que pagar impuestos extra, es una imbecilidad solamente comparable a que Cristina Fernández se haya impuesto en octubre.

Pero esto nos lleva a otro punto, que es más subjetivo, pero que es digno de cuestionarse: ¿qué pasa con las leyes bien pensadas, bien fundamentadas, que lisa y llanamente no me gustan?

Acá entran en juego otras cosas, porque, desde nuestro punto de vista, una ley injusta o estúpida lo único que hace es restringir las libertades individuales, pero las leyes bien pensadas, o justas, deben garantizarlas.

No puede esperarse que el violador esté a favor de las leyes en contra del abuso infantil, ni que el ladrón adhiera a los postulados de las leyes que velan por la propiedad privada y la posibilidad de defenderla, pero nosotros, los que creemos que esas leyes sirven, tenemos que cuidarlas y respetarlas.

Parece un trabalenguas, pero a lo que voy es que sería interesante que dejemos de cumplir “por la fuerza” aquellas leyes estúpidas y restrictivas, y que nos aseguremos que las leyes que nos defienden como individuos se cumplan, o en este país, se promulguen; la libertad no es una mala palabra nacida del temido liberalismo noventista, pero la libertad tampoco es un premio gratis, a la libertad hay que ganarla.

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En vistas de que el reciente triunfo de la Reina terminó de acabar con la prensa libre que quedaba, no queda más opción que intentar conocer la realidad por medio de los Felpudos que no sirven más que para limpiarse los pies, previo filtro de todo sesgo ideológico montonero verbitzkeano.

Como no queda otra opción más que resignarse, hoy abrí con mucho pesar el site de Clarín a las 10 y media de la mañana, donde un Anibal Fernández probablemente dopado reconocía que podían haber robado boletas en “algunas urnas”, y con que “algunas” sea diferente de “todas”, alcanza para quedar bien con el servilismo cuarto poder y de paso acallar a la oposición con una declaración tan vaga como ambigua.

Antes de que decidiera tomarme un Reliverán, junté fuerzas y seguí avanzando en este panfleto de segunda, para toparme con otra ¿conmovedora? historia de nuestra nación devenida en feudo kakal. Al parecer, en una cárcel de la Rioja hubo un motín, cosa que pasa seguido y en todo el mundo, ¿pero qué poderosa y superior razón llevó a estas víctimas del sistema a revelarse contra sus facistas opresores?, no, no fue un pedido de justicia, tratamiento o mejor comida… simplemente fue que se encapricharon con que les redujeran las penas, parece ser que no les bastó romper la ley una primera vez (o algunos más de una, seguramente), sino que decidieron no estar de acuerdo con aquello que salva al hombre de la barbarie y decidieron tomar el penal solamente para ordenar una reducción de las penas.

Si la idea era pedir pelotudeces, podrían haber pedido salir con alguna trola de Sofovich, más la inmediata liberación de todas las víctimas del liberalismo y sus leyes; ¿para qué conformarse con tan poco, si en este país cualquiera pide una imbecilidad y se la dan?

Cristina Presidente, el Cambio se nos viene encima.

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Si algo nos ha legado este Gobierno es el “sálvese quien pueda”, o la ley de la jungla, mediante la cual sobrevive no el más apto como en las sociedades civilizadas, sino el más bruto, el más violento, el que “devora” a todo lo que tiene en frente.

Se ha acabado el respeto por las libertades ajenas, la vieja frase “tu libertad empieza donde termina la del otro”, se convirtió en “mi libertad atropella las libertades ajenas”, y ejemplos nos sobran… desde las tomas de hospitales, Quebracho quemando lo que no le gusta, hasta los cortes de rutas, sin dejar de pasar por la Asamblea Piquetera de Gualeguaychú.

Estas tribus de salvajes, que mediante sus métodos le quitan la legitimidad a cualquier reclamo, han copado este país, gracias a la legitimidad que han recibido desde la Casa Rosada después de la extraña frase “el derecho a la libre expresión es más importante que el derecho al libre tránsito”, y por lo que vemos, también es más importante que el derecho a la vida, la salud y a recibir atención médica.

El Presidente cree que todos lo aman, adoran y votarían, por lo que podemos suponer que tiene un pánico irracional a las protesta en las que su nombre no es alabado (de hecho, todas en las que no hay choripán y vino gratis), así que intenta estar de acuerdo, en buenas, con estos grupos revoltosos y antidemocráticos.

Es increíble también cómo este gobierno, enemigo declarado de las libertades individuales, se cuelga del Derecho a la Libertad de Expresión, derecho que tanto ha censurado no sólo en opositores, sino en propios correligionarios, partícipes del Kambio que se viene, y que osaron alzar la voz para decir que algo no estaba del todo bien, o que algo no les gustaba.

Estas tomas de los caminos siempre traen problemas, y en un ambiente caldeado, cualquier chispa es una explosión que puede poner en riesgo o terminar con la vida de algunas personas, que pueden o no estar relacionadas con estas prácticas típicas de grupos totalitarios, que poco respetan los Derechos Humanos, que como ya hemos dicho, son cada vez más izquierdos.

Esta vez pasó en el Chaco, una ambulancia que necesitaba entregar sangre con urgencia fue detenida en medio de una protesta de todos los martes, y ante la premura del caso, el conductor decidió bajar para razonar con los brutos. Graso error. La discusión escaló, el conductor recibió un fuerte golpe en la cabeza que le conllevó suturas e internación, y la sangre no llegó, lo que causó la muerte de una persona.

Como si todo eso no fuera suficiente, Silvia Lapertosa, la directora del Hospital Vidal, cuenta que los piqueteros, mientras destruían la ambulancia, intentaron atacar a la mujer del paciente, que viajaba como acompañante. “Ella estaba shockeada, muy nerviosa, porque cuando rompieron el móvil intentaron abrir la puerta del lado de ella para agredirla, pero no pudieron

Y por algunos dichos, podemos suponer que estuvo la mano negra del Gobierno censurador que defiende la Libertad de Expresión que le conviene, porque el médico que atendía al paciente que falleció por causa de este hecho, Emilio Lanari, sostuvo que “es difícil saber si de haber recibido la sangre a tiempo el paciente se hubiera salvado, pero queda claro que se debía hacer una intervención de urgencia y que no se hizo por la irracionalidad de algunos“. Como vemos, Infobae dice que el pciente falleció por causa de este hecho, pero el médico, empleado público, intenta encontrar alguna excusa, diciendo que en una de esas la sangre no lo salvaría… aunque ahora no estamos a tiempo de saber la verdad.

La Nación se hizo eco del asesinato, pero Klarín no se dio por enterado, que es tan objetivo como el nefasto Infobae del muñeco Hadad, que esta vez si habló de algo que al Gobierno no le va a gustar; ningún funcionario ha dicho algo ni ha condenado la barbarie, simplemente siguen avalándola en silencio, temiendo que encerrar a estos animales les cueste dos o tres votos, ya que después de todo, los muertos no pueden votar por la oposición, y un piquetero preso, aunque no condenado, va a votar en contra del stablishment imperialista que quiso hacer justicia, cortando el legítimo reclamo bolivariano.

Hay que estar preparados, si esto sigue, cada vez vamos a vivir tiempos más violentos mientras Her Excellency se pasea por el mundo como un pavo real, mostrando la ropa nueva, negando la realidad, profundizando el cambio, que a esta altura no es más que una guerra de clases fogoneada desde el atril.

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