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Archive for the ‘Libertad’ Category

Es hora de romper el chanchito, es hora de que cada ciudadano compre una:

Un ejército de ciudadanos pacíficos portando la máscara sería un mensaje tan claro que hasta la bruta que está en Balcarce 50 lo entendería, porque V: Beneath this mask there is more than flesh. Beneath this mask there is an idea, Mr. Creedy, and ideas are bulletproof.”

Por supuesto que las tácticas de guerrilla unipersonal, entre las que se cuentan volar el Parlamento y el Big Ben, no me parecen la mejor salida, pero creo que la idea es clara; a los tiranos que se cagan en las instituciones no se los saca institucionalmente, se los saca por la fuerza, a las patadas, en pos de las instituciones.

¿Alguien se imagina ESTO?

Yo sí, probablemente con otras caras, pero porque me lo imagino tengo esperanzas para este país…

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Este es el post 300 desde que mudé el sitio a WordPress, y aunque seguramente si contara los de blogspot serían más, considero que son dos etapas distintas y por eso esta intro.

Cuando pensaba qué escribir para festejar que escribí, pegué, cité, etc., 300 posts, me acordé, creo que como a mucha gente le pasó, de la película 300, de 2006.

Para el que no la vio, la película cuenta de un modo bastante interesante, y basándose en el comic del maestro Frank Miller la batalla de las Termópilas, donde un ejército de 300 espartanos bajo las órdenes del Rey Leónidas hizo frente, hasta el último hombre, a un ejército Persa que rondaba el medio millón de animales.

Me pareció interesante comparar lo que fue eso, contra lo que es la Argentina de hoy, donde un grupo que se dice mayoritario (45% no son mayoría en ningún lugar del mundo) quiere patotear a las minorías por separado, minorías que según ellos, se rebelan contra el mando central… Xerxes I hizo lo mismo, se cansó de los griegos sublevados, y decidió aplastarlos.

Lo importante de esto no es el resultado de la batalla, que como se ve en el cuadro resultó en una derrota total de las fuerzas espartanas, o de las fuerzas rebeldes, para ponerlo en términos de George Lucas, lo importante es que después de la derrota, Esparta armó un ejército porque entendió que el sacrificio fue por la libertad, y le dio una paliza a los Persas.

A eso voy, hoy una minoría le pone el lomo a la pelea con el Gobierno, y como bien dice José Benegas en su post de hoy, muchos mueren en teoría y critican a los que ponen el lomo, pero no se animan a lo mismo (yo lo he hecho, y debo decir que el post ese me hizo replantear algunas cosas…)

Es probable que el Gobierno gane esta batalla, como los Persas ganaron en las Termópilas, pero también es casi seguro que van a perder la guerra, y que van a terminar ganando las libertades básicas, como la de producir y disfrutar del fruto de la producción sin que un loquito te lo quite.

Algunas escenas para recordar:

King Leonidas: Children, gather round! No retreat, no surrender; that is Spartan law. And by Spartan law we will stand and fight… and die. A new age has begun. An age of freedom, and all will know, that 300 Spartans gave their last breath to defend it!

Xerxes: There will be no glory in your sacrifice. I will erase even the memory of Sparta from the histories! Every piece of Greek parchment shall be burned. Every Greek historian, and every scribe shall have their eyes pulled out, and their tongues cut from their mouths. Why, uttering the very name of Sparta, or Leonidas, will be punishable by death! The world will never know you existed at all!
King Leonidas: The world will know that free men stood against a tyrant, that few stood against many, and before this battle was over, even a god-king can bleed.


[last lines]
Dilios: And so my king died, and my brothers died, barely a year ago. Long I pondered my king’s cryptic talk of victory. Time has proven him wise, for from free Greek to free Greek, the word was spread that bold Leonidas and his three hundred, so far from home, laid down their lives. Not just for Sparta, but for all Greece and the promise this country holds.
[takes his spear from a soldier]
Dilios: Now, here on this ragged patch of earth called Plataea, Xerxes’s hordes face obliteration!
Spartan Army: HA-OOH!
Dilios: Just there the barbarians huddle, sheer terror gripping tight their hearts with icy fingers… knowing full well what merciless horrors they suffered at the swords and spears of three hundred. Yet they stare now across the plain at *ten thousand* Spartans commanding thirty thousand free Greeks! HA-OOH!
Spartan Army: HA-OOH! HA-OOH! HA-OOH!
Dilios: The enemy outnumber us a paltry three to one, good odds for any Greek. This day we rescue a world from mysticism and tyranny and usher in a future brighter than anything we can imagine.
[puts on his helmet]
Dilios: Give thanks, men, to Leonidas and the brave 300! TO VICTORY!
[the Greek army roars and charges]


Dilios: “Remember us.” As simple an order as a king can give. “Remember why we died.” For he did not wish tribute, nor song, nor monuments nor poems of war and valor. His wish was simple. “Remember us,” he said to me. That was his hope, should any free soul come across that place, in all the countless centuries yet to be. May all our voices whisper to you from the ageless stones, “Go tell the Spartans, passerby, that here by Spartan law, we lie.”

Batalla de las Termópilas
Parte de Guerras Médicas

Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David (1814)
Fecha 11 de agosto, 480 a. C.
Lugar Termópilas
Resultado Victoria pírrica del Imperio Persa
Beligerantes
Ciudades-Estado griegas Imperio Persa
Comandantes
Leónidas I, Rey de Esparta Jerjes I, Emperador de Persia
Fuerzas en combate
300 espartanos, 700 tespios
Unos 6.000 aliados griegos. De esta fuerza inicial, el tercer día se retiraron todos menos unos 1.000
Entre 150.000 y 400.000[1] (aunque Heródoto afirma una cifra de 5.283.220 hombres (Heródoto, VII, 186))
Bajas
300 espartanos y 700 tespios muertos, incluyendo a Leónidas I, más entre 500 y 1.000 del resto de aliados ~ 20.000 según estimaciones modernas

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Si algo debo rescatar de esta estupidez pseudo-religiosa de fin de año, es que las reuniones familiares son tierra fértil de dónde conseguir información y posturas sobre la realidad, y en muchas de ellas a veces se consigue alguna que otra frase llamativa que se presta para la tan temida discusión de ideas.
La última frase que escuché y que me pareció interesante fue “todos tenemos la culpa por lo de Cromagnon”… y mi primer instinto ante semejante burrada fue el de decir que NO, y pasar a explicar porque no puede compararse a las víctimas del Tsunami con las del boliche que se quemó, ni porqué deben echarnos la culpa a los que no tuvimos que ver con semejante barbarie.
En primer lugar, yo no soborné a nadie, nunca, por lo que la falsa habilitación no es culpa mía; en segundo lugar, no cerré la salida de emergencias con un candado; como si eso no fuera poco, no encerré bebés en un baño para ir a alcoholizarme/drogarme (créanme, ESO no es culpa de Ibarra ni de “todos”, sino de un montón de imbéciles que deberían ser castrados químicamente), así que la falacia de que todos somos responsables de lo que pasó en Cromagnon se cae tan rápido como las esperanzas de que algo cambie en este país; es culpa de Callejeros, Chabán, los policías corruptos, los socios de Chabán, el imbécil que prendió la bengala, los padres de los chicos muertos, especialmente de los imbéciles que los dejaron en un baño… pero no es mía ni de mis amigos, ni mucho menos de “todos”.
Que Ibarra tiene parte de culpa por alojar funcionarios corruptos en su gobierno no debe ni siquiera ser discutido por la obviedad, pero la responsabilidad del Intendente de Buenos Aires no es ir a revisar de boliche en boliche, porque para eso hay inspectores.
Otra cosa, ya que está tan de moda el circo, algo que yo hubiera ordenado sería un examen toxicológico de todas las víctimas, del primero al último, y a todos los que estuvieran alcoholizados o drogados les negaría indemnización; tiene que haber libertad de ingesta de sustancias, pero con la libertad viene la responsabilidad (palabra fea para los progre)
Ahora, si lo que realmente quieren con esto es plata o un rédito político, no mientan, pero yo me niego a que me hagan responsable de cosas de las que no tengo nada que ver, y me niego a la victimización por todo… no todos son víctimas, por más redituable que sea el serlo hoy en día; si quieren plata, trabajen.

cromagnon-men.jpg
Cromagnon podría haberse evitado, es cierto, pero ya cansó, no son víctimas del sistema ni mucho menos, cuando mucho, son víctimas de su propia imbecilidad y por su “rockera” necesidad de violar leyes y reglas, como por ejemplo la de no prender bengalas en un lugar cerrado; no son víctimas, no son héroes, y por más calles que corten, no van a serlo, y va a ser más profundo el rechazo de la sociedad por estas medidas que parecen realmente salidas del cerebro de un Neanderthal.
¿Quieren que no se repita?, no ataquen a la democracia y a las instituciones, enséñenle a sus hijos a no ir a lugares no habilitados, a cumplir las reglas, a mirar salidas de emergencia, a no alcoholizarse como hobby, a no drogarse como negación de la realidad, y a seguir demás detalles que no necesitan ser validados con un título de Harvard, pero dejen de joder con el Estado, el Estado no tiene que enseñarle a la gente a ser menos idiota, porque su función es hacer a la gente idiota, y por eso los liberales abogan por un Estado mínimo.

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Leyes

Una pregunta que todo ciudadano debe hacerse en algún momento de su vida es: ¿debo cumplir una ley injusta o, en un caso aún peor, estúpida?

Esta pregunta, y su respuesta, nos llevan a un terreno que nuestros honorables legisladores parecen haber dejado de lado cuando asumieron, que es el sentido común, ya que intentar sacar por ley la necesidad de creación de una obra social para animales, por la que sin duda va a haber que pagar impuestos extra, es una imbecilidad solamente comparable a que Cristina Fernández se haya impuesto en octubre.

Pero esto nos lleva a otro punto, que es más subjetivo, pero que es digno de cuestionarse: ¿qué pasa con las leyes bien pensadas, bien fundamentadas, que lisa y llanamente no me gustan?

Acá entran en juego otras cosas, porque, desde nuestro punto de vista, una ley injusta o estúpida lo único que hace es restringir las libertades individuales, pero las leyes bien pensadas, o justas, deben garantizarlas.

No puede esperarse que el violador esté a favor de las leyes en contra del abuso infantil, ni que el ladrón adhiera a los postulados de las leyes que velan por la propiedad privada y la posibilidad de defenderla, pero nosotros, los que creemos que esas leyes sirven, tenemos que cuidarlas y respetarlas.

Parece un trabalenguas, pero a lo que voy es que sería interesante que dejemos de cumplir “por la fuerza” aquellas leyes estúpidas y restrictivas, y que nos aseguremos que las leyes que nos defienden como individuos se cumplan, o en este país, se promulguen; la libertad no es una mala palabra nacida del temido liberalismo noventista, pero la libertad tampoco es un premio gratis, a la libertad hay que ganarla.

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Encontré este magnífico texto en ArgenLibre, uno de los pocos que todavía se animan a ir en contra del régimen conyugal que nos va a llevar al abismo. Leer con atención:

Decálogo del populismo de Enrique Krauze
1) El populismo exalta al líder carismático.

No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. “La entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo”, recuerda Max Weber, “no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, ‘vive para su obra’. Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido”.

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella.
La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, “alumbra el camino”, y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. Weber apunta que el caudillaje político surge primero en los Estado-ciudad del Mediterráneo en la figura del “demagogo”. Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia es la causa principal de “las revoluciones en las democracias” y advierte una convergencia entre el poder militar y el poder de la retórica que parece una prefiguración de Perón y Chávez: “En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos tiranos fueron demagogos”. Más tarde se desarrolló la habilidad retórica y llegó la hora de los demagogos puros: “Ahora quienes dirigen al pueblo son los que saben hablar”. Hace veinticinco siglos esa distorsión de la verdad pública (tan lejana a la democracia como la sofística de la filosofía) se desplegaba en el Ágora real; en el siglo XX lo hace en el Ágora virtual de las ondas sonoras y visuales: de Mussolini (y de Goebbels) Perón aprendió la importancia política de la radio, que Evita y él utilizarían para hipnotizar a las masas. Chávez, por su parte, ha superado a su mentor Castro en utilizar hasta el paroxismo la oratoria televisiva.

3) El populismo fabrica la verdad.
Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino “Vox populi, Vox dei”. Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno “popular” interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla. En la Argentina peronista, los diarios oficiales y nacionalistas -incluido un órgano nazi- contaban con generosas franquicias, pero la prensa libre estuvo a un paso de desaparecer.
La situación venezolana, con la “ley mordaza” pendiendo como una espada sobre la libertad de expresión, apunta en el mismo sentido: terminará aplastándola.

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos.
No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado que puede utilizar para enriquecerse y/o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. La ignorancia o incomprensión de los gobiernos populistas en materia económica se ha traducido en desastres descomunales de los que los países tardan decenios en recobrarse.

5) El populista reparte directamente la riqueza.
Lo cual no es criticable en sí mismo (sobre todo en países pobres hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo una parte del ingreso, al margen de las costosas burocracias estatales y previniendo efectos inflacionarios), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia.

“¡Ustedes tienen el deber de pedir!”, exclamaba Evita a sus beneficiarios.

Se creó así una idea ficticia de la realidad económica y se entronizó una mentalidad becaria. Y al final, ¿quién pagaba la cuenta? No la propia Evita (que cobró sus servicios con creces y resguardó en Suiza sus cuentas multimillonarias), sino las reservas acumuladas en décadas, los propios obreros con sus donaciones “voluntarias” y, sobre todo, la posteridad endeudada, devorada por la inflación.
En cuanto a Venezuela (cuyo caudillo parte y reparte los beneficios del petróleo), hasta las estadísticas oficiales admiten que la pobreza se ha incrementado, pero la improductividad del asistencialismo (tal como Chávez lo practica) sólo se sentirá en el futuro, cuando los precios se desplomen o el régimen lleve hasta sus últimas consecuencias su designio dictatorial.

6) El populista alienta el odio de clases.
“Las revoluciones en las democracias”, explica Aristóteles, citando “multitud de casos”, “son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos”. El contenido de esa “intemperancia” fue el odio contra los ricos: “Unas veces por su política de delaciones… y otras atacándolos como clase (los demagogos) concitan contra ellos al pueblo”. Los populistas latinoamericanos corresponden a la definición clásica, con un matiz: hostigan a “los ricos” (a quienes acusan a menudo de ser “antinacionales”), pero atraen a los “empresarios patrióticos” que apoyan al régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita a sus agentes y los manipula a su favor.

7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales.
El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece “Su Majestad El Pueblo” para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra “los malos” de dentro y fuera. “El pueblo”, claro, no es la suma de voluntades individuales expresadas en un voto y representadas por un Parlamento; ni siquiera la encarnación de la “voluntad general” de Rousseau, sino una masa selectiva y vociferante que caracterizó otro clásico (Marx, no Carlos, sino Groucho): “El poder para los que gritan el poder para el pueblo”.

8) El populismo fustiga por sistema al “enemigo exterior”.
Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de fuera. La Argentina peronista reavivó las viejas (y explicables) pasiones antiestadounidenses que hervían en Iberoamérica desde la guerra del 98, pero Castro convirtió esa pasión en la esencia de su régimen, un triste régimen definido por lo que odia, no por lo que ama, aspira o logra. Por su parte, Chávez ha llevado la retórica antiestadounidense a expresiones de bajeza que aun Castro consideraría (tal vez) de mal gusto. Al mismo tiempo hace representar en las calles de Caracas simulacros de defensa contra una invasión que sólo existe en su imaginación, pero que un sector importante de la población venezolana (adversa, en general, al modelo cubano) termina por creer.

9) El populismo desprecia el orden legal.
Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la “ley natural” y una desconfianza a las leyes hechas por el hombre. Por eso, una vez en el poder (como Chávez) el caudillo tiende a apoderarse del Congreso e inducir la “justicia directa” (“popular, bolivariana”), remedo de Fuenteovejuna que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta. Hoy por hoy, el Congreso y la Judicatura son un apéndice de Chávez, igual que en Argentina lo eran de Perón y Evita, quienes suprimieron la inmunidad parlamentaria y depuraron, a su conveniencia, al Poder Judicial.

10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.
El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la “voluntad popular”. En el límite de su carrera, Evita buscó la candidatura a la vicepresidencia de la República. Perón se negó a apoyarla. De haber sobrevivido, ¿es impensable imaginarla tramando el derrocamiento de su marido? No por casualidad, en sus aciagos tiempos de actriz radiofónica, había representado a Catalina la Grande. En cuanto a Chávez, ha declarado que su horizonte mínimo es el año 2020.

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Este artículo apareció en el ABC de Paraguay, y lo vi por primera vez en No me Parece, para leer el original hay que estar suscrito al diario, y para acceder a ese original basta hacer click en el nombre del artículo. Me hubiera gustado más el título “Democracia a la Izquierda”, pero es más fuerte, llamativo y claro el elegido.

Asunción, Paraguay, Domingo 07 de Octubre de 2007

Editorial

Democracia puta

En estos días actuales las democracias latinoamericanas pasan por una dura prueba, pues con los mismos mecanismos de competencia electoral libre y plural algunos líderes izquierdistas que ganan elecciones se hacen del poder legítimo y desde el día siguiente de su triunfo comienzan a ejecutar sus proyectos de acabar con el sistema político mediante los cuales accedieron su mando. La eliminación de las normas que limitan el período presidencial es su primera meta a conquistar.

Tienen la intención de eternizarse en el poder y, con ello, reventar la democracia entendida como la rotación permanente de proyectos políticos y de personas. Pretenden excluir para siempre a todo el que no esté adherido a su partido. Construyen dictaduras con fórmulas “democráticas” y, cuando se sienten fuertes y disponen de los medios, inician el segundo plan: la exportación de su “revolución”.

Internamente, su primera víctima son las Fuerzas Armadas, de la cual se excluye a todo militar que no merezca la completa confianza del nuevo único líder. Una purga general despoja a las Fuerzas Armadas de los jefes y oficiales institucionalistas, dejándola a cargo de “los leales”. Después arremete contra el Poder Judicial, realizando las mismas tareas depuratorias para luego, ya con los principales resortes controlados, iniciar el proceso de desmantelamiento de la prensa no alineada y la supresión progresiva de la libertad de expresión.

El resultado final de este procedimiento es la anulación completa, si no la supresión definitiva de toda idea, doctrina, orientación partidaria o movimiento contrario a la ideología oficial de la nueva dictadura. Sucumbe la libertad en todas sus formas tradicionales y lo que resta es un pueblo indefenso sometido a sus nuevas cadenas. Se confía en que el transcurso del tiempo borrará pronto el recuerdo de la democracia anterior y el beneficio del goce de sus libertades y, entonces, un pueblo atontado, obligado a trabajar para sobrevivir y para alimentar al Partido, a reprimir sus dudas, inquietudes y oposiciones, acabará convertido en un dócil rebaño de borregos, como bien recordamos los paraguayos que vivimos la era stronista.

Este es el proceso en marcha que vemos actualmente en el panorama político de Venezuela, Bolivia y Ecuador. En particular y más claramente en la primera, donde Hugo Chávez, con ya una década de gobierno, se apresta a dar el golpe final haciéndose coronar gobernante vitalicio imponiendo en el país una nefasta dictadura de corte marxista al estilo del que triunfara y se impusiera en Rusia en 1917, desconociendo el triste final que esos sangrientos regímenes tuvieron después de seis décadas de explotar y oprimir a sus pueblos, asesinar a sus adversarios y poner en grave riesgo la paz mundial.

Hugo Chávez, un dinosaurio que surgió de las cavernas más oscuras de la historia, está a punto de convertirse en amo y señor definitivo de la suerte de su pueblo y de los cuantiosos recursos económicos de su país, excluyéndose de toda competencia real y suprimiendo todo obstáculo que pueda interponerse entre él y su proyecto de vitaliciado. Tiene, además, el dinero necesario para comprar voluntades y pagar el precio de “lealtades”, dentro y fuera de su país.

Chávez es un dictador, pero UN DICTADOR MUY RICO; dispone hoy del poder absoluto de hacer con el dinero producido por el petróleo lo que se le antoje; ya no tiene encima ninguna contraloría, nadie a quien deba rendir cuentas. Con su gruesa petrobilletera recorre ahora América Latina y financia partidos, movimientos, organizaciones sociales y campañas electorales. Lo que no puede comprar, lo alquila o neutraliza. Al gobierno argentino le compra bonos del tesoro de Kirchner que nadie quiere y así puede exhibir sus sonrisas de complicidad, aplausos y abrazos, pasear libremente por ese país pronunciando encendidos discursos llamando a la “revolución popular” y haciendo otros teatros para exportar su dictadura.

Entre los cuales figura en lugar prioritario su desesperada intención de introducirse en el Mercosur para, una vez dentro de él, agilizar su intervencionismo en la política interna de los países miembros, con los cuales ya no tiene ninguna afinidad, porque mal que bien, en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay continúan rigiendo principios básicos del estado de derecho, del régimen democrático y de libertades públicas. Chávez va a pagar en efectivo por su ingreso y tiene billetes a patadas. Quiere comprarles a Brasil y Argentina lo más barato posible la legitimidad internacional que su pertenencia del Mercosur cree le va a proporcionar.

La pregunta que continuaremos formulando una y otra vez es ¿para qué sirve el Protocolo de Ushuaia que pretendió establecer un compromiso para todos sus estados miembros de conservar intactas las instituciones democráticas? En este documento Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay declaran que “La plena vigencia de las instituciones democráticas es esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes del presente Protocolo” (Art. 1) y se comprometen formalmente a que “toda ruptura del orden democrático en uno de los Estados Partes del presente Protocolo dará lugar a la aplicación de los procedimientos previstos en los artículos siguientes” (Art. 3).

¿Van a admitir a Venezuela, cuyo dictador por anticipado ya se excluyó de dichas cláusulas? ¿O lo van a admitir primero para luego aplicarle la “Cláusula Democrática”? El absurdo y el ridículo rodean a esta intención de prostituir al Mercosur, pero está en marcha y solamente los parlamentarios brasileños y paraguayos tienen en sus manos la posibilidad de impedir esta vergonzosa deserción de los principios fundamentales declarados en nuestras cartas fundamentales y tratados de integración.

A los gobernantes actuales de nuestros países, que tanto cacarean su apego a la democracia y a las libertades fundamentales, y que ciertamente gracias a ellas alcanzaron el poder, ahora les tiemblan las rodillas y se les afilan los dientes a la vista de la deslumbrante petrobilletera abierta de un rústico dictador inescrupuloso, dispuesto a todo, incluyendo el soborno de los “demócratas”.

Si nuestros presidentes del Mercosur, aun sabiendo cuál es su obligación histórica con la defensa de los principios y valores políticos que iluminan nuestros pueblos, son capaces de venderse o de liarse en una relación adúltera con un dictador megalómano surgido de las catacumbas de un pasado siniestro, tendremos que convenir que nuestras democracias se venden como auténticas putas. No cabe ya una calificación más dura para describirlas.

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Hace algunos días, no sé bien porque no me interesa, se cumplieron 40 años de la muerte de Ernesto ‘Che’ Guevara (sí, ese de las remeras y mochilas). Se ha hablado mucho al respecto, algunos con altura, otros con remerismo y mochilismo (esos pro-zurdos que devoran internet y compran cuanta porquería encuentran con la faz del asesino). Lo más interesante es cómo es que en Cuba se mitifica a este compatriota nuestro que agarró una moto, que le compró su familia burguesa, y se fue a liberar el mundo. Acá dejo algunas muestras del sistema educativo de Cuba. Las vi primero en No me Parece, y hay que reconocer el mérito de tener estómago para mirar esto antes de postearlo.

Parte I

Parte II

Es básicamente un lavaje de cabeza propuesto por el Estado a mucha gente incapaz de dedicir, e incluso de conocer otras realidades, ¿se le hace conocido?, a eso nos está llevando esta Alianza del Sur con todos los peligrosos de la zona. Estos adoctrinamientos sumarios me recuerdan a “Amo a mi papá, amo a mi mamá, amo a Evita. Evita me ama”, y después de más de cincuenta años seguimos desempolvando afiches viejos e invocando cualquier cosa que nos hayan vendido.

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