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Archive for the ‘Opinión’ Category

Sociópatas

Hace un tiempo contaba cómo un pequeño idiota local amenazó a un grupo de compañeros de colegio con asesinarlos, y cómo, siguiendo el caso del coreano idiota Cho, proponía que la solución a todo esto no es una sociedad desarmada, sino una sociedad armada con el poder de fuego para enfrentar a estos psicópatas de película berreta.
Ya estamos cansados de tratar con psicópatas y sociópatas sin que alguien haga nada, el psícopata es irrecuperable, es un eterno dañador por ponerlo en términos sencillos, y su enfermedad no se modifica ni en instituciones mentales, ni mucho menos en cárceles, por lo que la sociedad está indefensa ante esta gente.
Claro que hay distintos tipos de psicópatas, están los que violan y matan menores, o los que desde un puesto de poder se creen dueños de la vida y el presente de quienes viven en el territorio que gobiernan, pero el factor común es que el psicópata solamente encuentra placer en el sufrimiento de su presa de turno.
Dejando de lado la introducción, ahora retomo el caso con el que abría el post porque mientras hacía un esfuerzo por ver el canal local para enterarme de lo que pasa en este pueblo que se cree ciudad, o en esta ciudad con alma de pueblo, me entero que el caso del pequeño cabrón ha vuelto a los medios.
Parece que el colegio donde se produjeros y desmintieron los hechos, y donde el bruto del director quiso mantener un secreto que podría haber costado vidas si las autoridades no se enteraban de lo que pasaba, no está dispuesto a aceptar para el ciclo lectivo 2008 al casi-humano en cuestión, lo que a mí entender es una medida correcta y lógica, no tanto como la medida primera que fue darle clases en contra-turno en lugar de echarlo al diablo con un kilómetro de demandas penales y civiles a él y la familia.
Hay que dejar en claro una cosa, este sujeto no es un ser normal, ninguna persona normal amenaza con fecha y hora de muerte a un grupo de personas, y les explica cómo va a matarlas, y no hay duda de que necesita atención psicológica y alguna pastilla cuanto antes, pero lo peor, lo más triste, es que ya salió alguien a vendernos al cabroncito como si fuera una de las tantas víctimas de la “sociedad”, cuando si analizamos la situación, nos daríamos cuenta que la “sociedad” al estar desarmada es la potencial víctima del pequeño psicópata. Por supuesto que no digo que hay que ir y balearlo, porque la idea es evitar la violencia, pero lo que sí propongo es estar listos para cuando este o el próximo, nazca donde nazca, decida hacer de la “sociedad” su víctima.
Y por si queda alguna duda, hay que recordar que quien abusa de una víctima indefensa o en inferioridad de condiciones no es más que la más baja clase de cobarde, así que estos mini-Rambo no son más que cobardes, y es hora de que se los trate como lo que son, como enfermos cobardes que necesitan tratamiento, probablemente obligado por un juez, porque una de las características básicas de cualquier psicópata es que nunca admite responsabilidad ni siente culpa, lo que lo hace un poco más peligroso que al resto.
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Argentinos

Hay muchas formas en un ejemplo cotidiano ver una muestra de la realidad de este gran país que se pelean por saquear y destruir, o al menos de vender al postor más bolivariano o políticamente vendible; puede verse a los argentinos en una fila de banco, tratando salvajemente de ganar un lugar a costas del que llegó primero; puede verse en las canchas de fútbol donde se matan por algún negociado cerca del estadio.

Puede verse la argentinidad en todo su esplendor en la gente paseando al perro y dejando la mugre de este en la puerta de la casa de otro, en los semáforos donde el color amarillo parece transparente y el rojo amarillo; podemos ver argentinidad en las rutas donde en el afán de ser cool o de ganarle al del frente, se generan accidentes donde hay demasiadas pérdidas de vidas.

El Argentino por sí avasalla todo lo que tiene al frente, está enseñado a que todo debe serle restituido porque le fue arrebatado por un poder superior en algún momento previo a s u nacimiento, previa a su existencia, y así es como vive; roba cuando sale del país, evade, no cumple las leyes y no denuncia al ladrón de al lado para que robe más, y así no se fijen en él.

Ayer, en algo más trivial que todo esto, encontré otra prueba de pura argentinidad en un mero juego de cartas; la discusión nació porque descubrimos que en el juego en cuestión no estábamos siguiendo todas las reglas, y porque propuse que las anexáramos o que elimináramos las inventadas por nada, y supongo que si se siguió con la lectura desde el principio, se intuirá cuál fue la respuesta de los compañeros de cartas.

La respuesta unánime fue NO a las reglas oficiales, porque la idea era seguir jugando al juego transmitido por las familias de cada uno de nosotros, en lugar de aprender y seguir adelante jugando como se debe, decidieron aferrarse a su superioridad sobre las reglas, sobre la ley, que en este caso, es algo estúpido, trivial, pero que es un fiel reflejo de porqué estamos donde estamos.

Obviamente, ante esto, intenté razonar con argumentos, incluso llegando a ejemplos tales como “si en mi familia me enseñan a jugar al fútbol con las manos, sigue estando mal”, pero bueno, hoy siguen destruyendo un juego, aferrándose a sus reglas que valen más que algunas que están aceptadas para eso.

La Ley tiene que existir únicamente para resguardar las libertades individuales de la mayoría que avasalla sobre ellas, pero para eso deben ser respetadas y adecuadas, pero si no somos capaces de respetar las reglas básicas de convivencia, vamos a terminar en un caos sin precedentes, incluso mayor que en el que vivimos.

Si lográramos vivir bajo la máxima de “mi libertad termina donde empieza la libertad del otro”, en lugar de bajo “sálvese quien pueda, como pueda”, podríamos salvarnos antes de que sea demasiado tarde, pero este no parece ser el caso.

Damas y Caballeros, bienvenidos al Pandemonio, ustedes lo crearon, que lo disfruten.

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